
Aprendizajes · Culturas y conocimiento del mundo
Unas semanas con Egipto, otras viajando al espacio exterior, conociendo a los dinosaurios de la prehistoria, descubriendo China o explorando el océano. Aprender que el mundo es enorme, diverso y fascinante — y que ellos forman parte de él.
Sarcófagos, faraones, jeroglíficos, pirámides. Semanas enteras descubriendo una civilización que floreció hace 5.000 años.

Astronautas, cohetes, planetas. Decoramos la sala como una estación espacial y nos atrevemos a imaginar lo que hay más allá.

Tiburones, caracoles marinos, corales. Conocemos el ecosistema marino con manos, lupas y mucha imaginación.

Tiranosaurios, fósiles, huellas y huesos. Semanas viajando millones de años atrás para descubrir cómo era el planeta antes de nosotros — y por qué desaparecieron.

Por qué importa
Conocer Egipto, China o el fondo del mar temprano siembra una idea poderosa: el mundo es grande y diverso. Es la base de una mirada abierta y sin prejuicios.
Trabajar por proyectos permite que un mismo tema atraviese el arte, la ciencia, el lenguaje y el juego durante semanas. El niño no aprende datos sueltos: construye un mundo completo.
Disfrazarse de faraón o de astronauta es juego simbólico, una de las capacidades cognitivas más importantes de la primera infancia: representar algo que no está presente.
Los proyectos surgen de la curiosidad de los propios niños y de los temas que despiertan más preguntas: civilizaciones antiguas, el espacio, el océano, los dinosaurios. Cada uno se trabaja de forma transversal.
Varias semanas. Ese tiempo permite profundizar de verdad: investigar, crear, decorar la sala, montar exposiciones y compartir lo aprendido con las familias.
Sí, y es parte esencial del proyecto. Los niños construyen sarcófagos, cohetes, máscaras y murales que transforman la sala en el mundo que están descubriendo.
Galería








