
Aprendizajes · Naturaleza
Gallinas que cuidamos, huerto que sembramos, agua que corre en verano. La naturaleza no es una asignatura en Girasoles: es el patio donde aprendemos todo lo demás.
Conocer, cuidar y alimentar a las gallinas. Aprender empatía con un animal vivo. Las mejores historias para contar en la cena familiar.

Sembrar la semilla, regar, esperar, ver crecer. Camas de cultivo a su altura. La paciencia se aprende mirando crecer una lechuga.

Patios amplios con árboles, sombras, lluvia en invierno, juegos de agua en verano. La naturaleza es el aula más grande que tenemos.

Por qué importa
El contacto regular con áreas verdes se asocia a menos estrés y mejor atención en la infancia. Un patio con árboles, tierra y animales no es solo un lindo lugar: es un entorno que ayuda a los niños a estar mejor.
Alimentar a una gallina o regar una planta pone al niño en un rol nuevo: alguien depende de él. Esa responsabilidad concreta y diaria es una de las formas más efectivas de desarrollar empatía.
Una semilla no crece porque uno quiera. El huerto enseña ritmos que no se pueden apurar, algo especialmente valioso para niños que viven rodeados de respuestas inmediatas.
Sí. El contacto es siempre acompañado por una miss, con normas claras de higiene y cuidado. Los niños aprenden a acercarse con calma y a lavarse las manos después de cada visita a la granja.
Nuestra granja educativa cuenta con gallinas, que los niños ayudan a alimentar y cuidar, además del huerto con camas de cultivo a su altura donde siembran y cosechan.
Sí. Los patios tienen árboles y zonas techadas, y las actividades se adaptan a la estación. La lluvia también es parte de lo que se observa y se disfruta.
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